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Destinos | Kenya | Isla de Lamu

«Lamu ofrece, viva y en la calle, su alma swahili en estado puro, en la realidad de una sociedad integrada y segura de sí. Su carácter tiene el aire de una Utopía rescatada del pasado o de una Arcadia ideal» - Javier Reverte - "El sueño de África"

Lamu ha conseguido una gran proeza en su larga historia, y es haberse mantenido intacta y ajena al turismo de masas en un país que recibe tantos visitantes como Kenya, cuyas playas (Diani Beach, Mombasa, Watamu, Malindi) se han ido llenado de grandes resorts. Nada más aterrizar en la pista de Manda y cruzar en un dhow (tradicional embarcación swahili con vela latina) el canal que conduce a la isla de Lamu, uno se da cuenta de que ha llegado a un destino diferente. Lo primero que llama la atención es la ausencia total de vehículos. Tan sólo hay dos coches en toda la isla, un land rover de la Policia y un viejo Suzuki que sirve de ambulancia para el Hospital de Burros (el medio de transporte y de carga más popular de la isla). No hay motos, pocas bicicletas y los motores en dhows y lanchas llegaron en los últimos diez años.

Lamu es una lengua de tierra de 18 km de largo por 8 km en su punto más ancho. La costa Oeste, que da al estrecho canal que le separa de la isla de Manda es la única habitada y que tiene vegetación. En esta zona está la ciudadela de Lamu y, a tan sólo dos kilómetros de ella, siguiendo un bonito paseo que bordea el mar, se llega al barrio de Shela, conocido por sus grandes casas y palacios privados, su idílica playa de Jadini y sus antiguas mezquitas. El resto de la isla es una yerma extensión de dunas y una costa Sur azotada por el Índico. Lamu también da nombre a un archipiélago en el que destacan las islas de Manda y la gran isla de Pate hacia el Norte. Hacia el Sur, no está lejos del delta de la desembocadura del mítico río Tana, cuya ribera fue testigo de legendarios safaris de caza. Tanto Lamu como su archipiélago están pegados al continente, formando una serie de canales rodeados de manglar. Durante la bajamar hay puntos en que esta separación es tan solo de unos pocos metros, con lo que en ocasiones grupos de elefantes la cruzan y entran a las salinas de Manda. Incluso hay quien afirma haber visto huellas de león en la playa en alguna ocasión. No en vano Lamu está rodeada al Norte, en el Continente, por las Reservas de Dodori y Boni.

Cultura Swahili: La Isla de Lamu es uno de los reductos más auténticos y con más sabor de la costa swahili. Es una huella viva de la cultura swahili, la cual se desarrolló durante los últimos 700 años en las costas del Este de África, dando lugar a leyendas tales como la del célebre Simbad el Marino. En sus muchos siglos de Historia, Lamu fue desarrollando un estilo propio característico, a medida que se fue extendiendo y desarrollando la cultura swahili. Junto con Zanzíbar son los grandes foros culturales de esta costa. Sin embargo, Lamu se mantiene más intacta y menos decadente que su hermana mayor: no por casualidad Lamu es Patrimonio de la Humanidad desde 2001 por ser el asentamiento swahili mejor conservado.

Uno de los principales encantos de Lamu es precisamente haberse mantenido intacta con el paso del tiempo, conservando aún sus edificios de piedra de coral y mezquitas de más de 500 años de antigüedad. Cuando uno recorre sus estrechas y laberínticas callejuelas tiene la sensación de viajar a través de los siglos, y es fácil imaginarse a los marineros árabes, persas, bantúes, portugueses, piratas, somalíes y demás personajes que tenían en este centro costero su lugar de encuentro, y es que Lamu es además la ciudad más antigua de Kenya, superando incluso al célebre puerto de Mombasa.

Las casas y mezquitas de Lamu son muy peculiares por el uso de los materiales autóctonos locales: piedra de coral, suelos de madera, techumbres de makuti y ventanales de gran influencia árabe; celosías labradas y las famosas puertas y dinteles de madera labrada, autenticas obras de arte de la carpintería local, industria muy desarrollada en la isla ya no solo a nivel de artesanía sino en la construcción de los dhows.

Historia: Lamu fue en su día un próspero puerto que se rindió a los navegantes portugueses y que dependía del sultanato de Pate. En el año 1813, en la cruenta batalla de Shela, Lamu derrotó a las fuerzas del sultán de Pate y cayó bajo el dominio del poderoso sultanato de Zanzíbar, que controlaba toda la franja costera desde Kilwa hasta la frontera somalí (sometida al protectorado británico desde 1890).

En su momento de mayor esplendor, durante el siglo XVI, Lamu fue un importante mercado de esclavos, especias y marfil, que contribuyó a ensalzar su grandeza, llenándose de fastuosos palacios, grandes casas de estilo árabe, fuentes, jardines... La mezcla entre árabes, swahilis, persas, indús, bantúes, europeos, e incluso chinos, ayudó a enriquecer la cultura de la isla. Con la llegada del siglo XIX y el poder del Imperio Británico y la abolición de la esclavitud, Lamu comienza una etapa de decadencia. La isla también fue refugio de aventureros y cazadores blancos que buscaban un descanso tras legendarios safaris en el interior.

Las gentes de Lamu: Sin duda otro de los tesoros de Lamu son sus gentes, tanto por su amabilidad y su hospitalidad como por su filosofía de vida lenta y tranquila. Son característicos por sus rasgos swahilis, ir vestidos con un kikoy (tradicional tela de colores, a modo de pareo), camisa y cofía (gorro musulmán). Las mujeres suelen ir tapadas con el puibui (vestido largo y negro que solo deja los ojos a la vista). Dignos de mención son los ancianos - curtidos por el Índico y antiguas batallas - sentados en la plaza frente al fuerte portugués, así como el encanto de los niños que juegan por las calles. Por su propia idiosincrasia y manera de ser, los habitantes son muy respetuosos con el visitante; se puede pasear por la isla sin ningún tipo de agobios y con toda seguridad, ya que no se conocen ni asaltos ni robos a los turistas, ni problemas por fanatismo religioso. Al ser una ciudad portuaria, el puerto es uno de los lugares más apasionantes para el visitante por su ajetreada actividad y sus pintorescos colores, sonidos y olores a especias y pescado fresco. Las calles están repletas de pequeños comercios y puestos de artesanía. Entre su arquitectura y su atmósfera, es inevitable encontrar una cierta semejanza con alguna antigua plaza mediterránea.

Lamu fue durante la década de los 60, ya en el siglo XX, destino prioritario del movimiento contracultural occidental encabezado por los hippies. Tras ellos fue llegando gente famosa atraída por su tranquilidad y por la posibilidad de poder descansar en un lugar completamente alejado de las rutas turísticas convencionales; estas personalidades fueron las que, probablemente, en un principio salvaron a la isla de su decadencia. Hoy en día tienen casas aquí personajes de la talla de Mick Jagger, Madonna o la Princesa Carolina de Mónaco.

Qué hacer: Además de embriagarse con la cultura swahili y visitar puntos de interés como el Museo de la Ciudad, la pintoresca Oficina de Correos Alemana, el Fuerte, las ruinas de Takwa en Manda, o perderse por el laberinto de calles, el visitante puede descansar en las desérticas playas que hay junto a Shela, o cruzar en dhow a las tranquilas playas de Manda. Además de practicar buceo o pesca de altura, es muy recomendable alquilar un dhow y pasar el día navegando entre las islas, o incluso una excursión de un par de días a la paradisiaca bahía de Kiwayu.
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Dónde comer: La gastronomía hará las delicias de los amantes de la cocina exótica. Pescados y mariscos cocinados al estilo swahili, con influencias árabes y muy especiados. Muy recomendable el cangrejo. A parte de los hoteles, es recomendable el Bush Gardens, el Hapa Hapa, el Pole Pole en Shela o la infinidad de rincones locales, o incluso aceptar el ofrecimiento de degustar una cena en una casa local privada, como la del celebre Ali Hippie. Hay que tener en cuenta que al ser una isla musulmana, en muy pocos establecimientos venden bebidas alcohólicas, sin embargo las pueden conseguir a petición del visitante. Aún así, los zumos y batidos naturales son muy recomendables. Tomar una copa en el Petley’s Inn, el alojamiento más antiguo de la isla, disfrutando del atardecer, es otro de los imprescindibles de Lamu.

En definitiva Lamu es el destino ideal para todos aquellos amantes del África autentica, gente que busque un lugar apartado de las garras de los grandes tour operadores y los destinos convencionales y les guste de disfrutar no sólo de hoteles lujosos sino también de un lugar tranquilo, con historia y una gran riqueza étnica y cultural. Afortunadamente, al contrario de otros destinos que han perdido su esencia como Isla Mauricio o Seychelles, Lamu conserva una personalidad y una esencia que la hace única

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